Empecemos por el principio. Lo primero que se va a encontrar el lector en el nuevo libro del poeta granadino José Carlos Rosales Vida aparte (2012-2024) es una cita de Juan Ramón Jiménez que dice así: “No repetir. Pero, ante todo, saber qué es no repetir”. Efectivamente, se trata de no repetir lo ya andado en la obra de uno y de no repetirse dentro de la larga tradición literaria que nos contempla. Lo primero procede de un acto consciente de la voluntad literaria del escritor de no escribir siempre el mismo libro y, lo segundo, responde a la necesidad del conocimiento profundo de una tradición para saber exactamente en qué consiste eso de no repetirse.
José Carlos Rosales, buen conocedor de esa tradición en su calidad de doctor en Filología Hispánica y, sobre todo, en su condición de lector, rompe en su nuevo libro con los moldes formales del género en el que se podría inscribir este, el aforismo. Porque en realidad no se sabe exactamente qué tipo de artefacto literario tenemos entre manos. Vida aparte se parece muchísimo a un volumen de aforismos, uno de esos libros repletos de brillantes fogonazos del intelecto que tratan de iluminar algún espacio oscuro de nuestra existencia, o que formulan en un lenguaje alternativo eso que teníamos en la punta de la lengua y no sabíamos cómo explicar, o que trata de ordenar a su manera el caos de la vida cotidiana y sus afanes. Todo esto, como no podría ser de otra manera, lo puede experimentar el lector en Vida aparte, pero al mismo tiempo esta obra se muestra bastante divergente en relación a lo que de forma generalizada se entiende como libro de aforismos.
En primer lugar, en Vida aparte llama la atención su estructura, que lejos de ser temática se ordena según los días de la semana, cada uno de ellos precedido por su correspondiente cita del Libro del Génesis. No creo que haya que interpretar este detalle como la prueba de la revelación divina hecha libro, sino más bien como una suerte de metáfora de lo que significa en sí el acto creativo a través de la palabra -“En el principio era el Verbo” (Juan 1:1)-; en versión de José Carlos Rosales, “Las cosas no son hasta que no tienen nombre” (entrada 587 -página 77-). La realidad no existe si no es a través de su denominación; ni siquiera el tiempo existe si no es nombrado. El ecosistema temporal en el que se designa, se desarrolla y se estructura Vida aparte remite al tiempo más humilde que se puede nombrar y que, por tanto, existe, el de los días de la semana. Éste marca el ritmo del libro y su manera de abordar la realidad.
En este sentido, interesa resaltar además el lugar desde el que escribe José Carlos Rosales, otra de sus disidencias, otro de sus intentos de alejarse de lo redundante. Desde el mismo título se anuncia su mirada heterodoxa y en la entrada/aforismo 371 (página 49) se explicita: “Vida aparte: ¿estar en otro sitio sin cambiar de sitio?”. Definitivamente sí. Existe una clara intención de retirarse, como se apunta asimismo en la cita de Epicuro -“Vive oculto”-, que encabeza el libro junto a la anteriormente mencionada.

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